
Caputo desafía a Milei y apela al "populismo crediticio" para tratar de reactivar la economía
NACIONALES
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Después de dos años de reivindicar al mercado como único ordenador posible, el ministro Luis "Toto" Caputo comenzó a desplegar una serie de medidas que tienen un rasgo común: el Estado interviene para orientar el crédito y bajar tasas, con la expectativa de lograr una reactivación del consumo y empujar el crecimiento.
La preocupación es la actividad. El derrumbe del consumo masivo, el deterioro de los ingresos y el crecimiento de la morosidad crediticia empiezan a convertirse en un problema económico y político. Propios y extraños advierten a Milei que una economía estancada puede complicar seriamente su sueño de la reelección, pero el presidente elige atarse al dogma libertario. Caputo no comparte esa posición, pero tiene márgenes muy estrechos para meter pinceladas heterodoxas en el programa.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central encendió otra luz amarilla. En apenas un mes, bancos y consultoras bajaron de 2,7% a 2,1% la proyección de crecimiento para 2026. Para el segundo trimestre estimaron además una caída desestacionalizada de 0,9%. La progresión a lo largo del año del pesimismo de los analistas que integran el REM es impactante, como revela un gráfico de Bloomberg (ver gráfico).
Domingo Cavallo se metió de lleno en esa discusión. El ex ministro, una referencia intelectual insospechable de kukismo, advirtió que la prioridad ya no puede ser únicamente bajar la inflación. "Es importante que baje la inflación, pero es más importante que haya una reactivación de la economía", afirmó en una entrevista con Clarín.
Carlos Melconian puso el problema en términos todavía más gráficos. "El empresario paga en dólares muy caro. El empleado no llega a fin de mes en pesos. ¿Qué pasa acá?", planteó. Para Melconian, la apreciación cambiaria encareció los costos empresarios medidos en dólares sin recomponer en la misma proporción el poder adquisitivo de los salarios. El economista reclamó pragmatismo para salir de una encerrona que, según advirtió, no se resuelve con dogmas ni con la mera estabilidad de las variables nominales.
Miguel Ángel Broda también planteó el problema como un trilema entre orden macroeconómico, inflación y nivel de actividad. Y señaló que la actividad es probablemente el vértice con mayores dificultades y el que más puede terminar influyendo sobre el voto.
Caputo parece haber tomado nota. La respuesta no consiste en cambiar el programa sino en rodearlo de pequeñas intervenciones destinadas a estimular una economía que perdió velocidad, una estrategia que abre reparos. La lista incluye la flexibilización de los créditos en dólares para empresas que no generan divisas, el fondeo del FGS para promover créditos hipotecarios, la ampliación de los subsidios al consumo de energía en septiembre y nuevas líneas del Banco Nación para comprar autos usados y cero kilómetro.
Sobre la flexibilización de los créditos en dólares, Andrés Neumeyer, economista de la Universidad Torcuato Di Tella, definió la iniciativa como "populismo crediticio". La medida permite que una porción de los depósitos en moneda extranjera pueda financiar empresas que no necesariamente generan los dólares con los que deberán cancelar sus obligaciones.
Pero incluso dentro del sector industrial aparecen dudas sobre cuánto puede mover la aguja. "Las empresas con buenos balances ya tienen acceso al financiamiento. Las golpeadas por la caída de ventas seguirán teniendo dificultades para atravesar los filtros crediticios de los bancos, ese puede ser el talón de Aquiles de toda la estrategia de Caputo", afirmó a LPO una fuente de la UIA que pidió reserva, por el mal clima interno que atraviesa la entidad fabril.
Algo parecido ocurre con el fondeo bancario mediante recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses. El economista Cristian Buteler apuntó al problema operativo: "El FGS tiene unos $123 billones pero apenas unos $349.000 millones en disponibilidades. Para completar los $2 billones tendrá que desarmar otros activos", indicó.
El objetivo de Caputo es intervenir también sobre el costo del dinero. Para eso utiliza al Banco Nación. La entidad pública lanzó créditos UVA para comprar autos nuevos y usados, con plazos de hasta cinco años. "UVA + 19%. Un afano", posteó con una inusual dureza para referirse a una medida del gobierno, el economista libertario Fernando Marull.
Pero lo cierto es que más allá de la discusión sobre la tasa, el mecanismo vuelve a mostrar al Estado utilizando una entidad pública para modificar las condiciones del mercado de crédito. El problema, para economistas consultados por LPO, es que Caputo intenta resolver mediante la oferta de crédito un problema que tiene buena parte de su origen en la demanda.
"Se pueden ofrecer más préstamos, extender plazos o utilizar fondos públicos para abaratar el financiamiento, pero resulta más difícil empujar a familias y empresas a endeudarse cuando los ingresos están deteriorados, las ventas caen y aumenta la incertidumbre sobre la capacidad de repago", completó la fuente del sector industrial consultada.
En efecto, las medidas económicas no operan en un vacío. Su eficacia depende de la orientación general en la que están insertas. El programa económico sigue sostenido sobre salarios contenidos, apertura importadora, dólar barato, ajuste fiscal y endeudamiento. La pregunta es si las intervenciones que intenta mechar Caputo alcanzan para reactivar la economía o si, llegado a este punto, el problema ya obedece al programa que Milei no piensa modificar, como dejó muy claro en la reunión de gabinete de este lunes.
FUENTE: LPO











