En once años de trabajo, Robando Sonrisas ya entregó casi 900 bicicletas en 14 localidades de Río Negro y el próximo objetivo está cada vez más cerca. “La bicicleta número 900 nos llegó desde Ushuaia. Es increíble pensar todo el camino que hizo para terminar en manos de un chico”, dice todavía sorprendido. El proyecto recibió reconocimientos de vecinos, medios locales y nacionales, pero insiste en que nada de eso es lo que lo moviliza.
“Nosotros empezamos pensando que, si lográbamos reciclar diez bicicletas, ya iba a ser un montón. Hoy estamos cerca de las 900 y todavía sentimos que estamos viviendo un sueño. Todos los días hacemos algo: salimos a buscar una bicicleta, conseguimos un repuesto o arreglamos una rueda. Ya forma parte de nuestra vida”, sostiene Diego.
El héroe rionegrino habla de las bicicletas como si cada una tuviera nombre propio. Tal vez porque conoce el recorrido completo: desde el vecino que decide desprenderse de ella hasta el instante en que un chico la recibe y descubre que, por fin, tiene una bicicleta para llamar suya. Por eso, cuando piensa en el futuro, no habla de números sino de sonrisas.
“Nos encantaría llegar a las 1000 bicicletas, tener un espacio propio para trabajar y llevar este proyecto a otras provincias. Pero nuestro sueño ya lo estamos viviendo. Cada bicicleta representa un montón. Lo único que queremos es seguir viendo ese brillo en los ojos de los chicos cuando empiezan a pedalear”, concluye.
















