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Nahuel Gallo reveló detalles sobre su detención en Venezuela: "Era jugar contra la cabeza, nadie te decía nada"

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El gendarme argentino contó cómo vivió sus horas previas a la liberación, las duras condiciones en la celda y su día a día tras volver a la Argentina.

Nahuel Gallo estuvo 448 días detenido en Venezuela hasta que pudo regresar a Argentina. En una entrevista, compartió detalles sobre el día de su liberación y las difíciles circunstancias que atravesó durante su cautiverio.

El gendarme recordó, en diálogo con Radio Mitre, que el día que recuperó la libertad fue un sábado 28 de febrero. Antes de ese momento, había realizado una huelga de hambre que terminó tras comunicarse con su esposa María. Luego, inició otra protesta por la falta de información sobre su situación diplomática.

Cuando el director del centro penitenciario lo visitó aquella tarde, le indicó que se preparara, aunque el argentino no estaba seguro si se trataba de un traslado o una nueva negociación. “No me ilusioné porque en casos anteriores con otros detenidos las negociaciones habían fracasado”, admitió.

Antes de salir, le comunicaron que le cortarían el pelo, lo que generó una discusión debido a la incertidumbre sobre su liberación. Más tarde, dos camionetas con personal encapuchado lo fueron a buscar; lo subieron esposado y le informaron que su embajada estaba gestionando su salida, aunque no sabían como, y que debía firmar documentos. Gallo pidió que le entregaran sus pertenencias si lo iban a trasladar.

"Firmé un papel donde decía que había tenido un debido derecho procesal. Es chistoso porque no tenía nada de lo que decía ese papel. Decía que tuve acceso al patio, que tuve acceso a la comida, medicación. Que estuve en un hotel cinco estrellas. Me hicieron un video para que yo diga que estuve bien, que estuve en buenas condiciones", reveló el gendarme.

Desde su regreso a Argentina, hace tres meses, Gallo se mostró agradecido por el apoyo recibido: “Estoy contenido por la institución y por la familia también”. Actualmente trabaja de forma administrativa en la parte judicial del Centinela, con un horario de 8 a 16. Esto le permite dejar a su hijo Víctor en el jardín por la mañana y pasar las tardes con él.

El calvario que vivió

Cuando le preguntaron por lo más duro de su cautiverio, el argentino respondió: “Lo más duro es el aislamiento, no saber, la incertidumbre y ver a un compañero que lo están torturando y que vos no podés hacer nada”.

Además, al cumplir un año de prisión, pensó que no recuperaría su libertad. "(...) yo dije 'si hay venezolanos que ya llevan diez años, cinco años o seis años y yo recién llevo uno, esto va a estar para largo'. Era jugar contra la cabeza, la incertidumbre, nadie te decía nada", rememoró, en una nota con el medio citado.

Respecto a las condiciones en la celda, describió un ambiente precario y antihigiénico: “No había nada, pero sí cucarachas y hormigas. Dormíamos en el piso y el agua tenía óxido. Nosotros le decíamos óxido, que en realidad es el agua con mucho mineral y te queda el pelo duro. No te podías bañar con esa agua”.

También señaló que los custodios siempre estaban encapuchados y que las rutinas de control eran muy estrictas, ya que todos los días les gritaban a las cinco de la mañana para hacer el pase de lista.

FUENTE: BORDER PERIODISMO

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