El presidente compartió en Instagram una imagen en la que enumeró las carencias que, según él, caracterizaron al país durante los gobiernos kirchneristas. Con ironía, relativizó las críticas por sus insultos y sostuvo que lo importante son los problemas heredados y no sus formas.
El presidente Javier Milei volvió a utilizar sus redes sociales como plataforma política y comunicacional. En esta ocasión, eligió su cuenta de Instagram para difundir una imagen con un mensaje directo contra el kirchnerismo, en el que enumeró una serie de dificultades que, según su mirada, atravesó la Argentina durante ese período.
“Con el kirchnerismo: no había nafta, no había carne, no había dólares, no había crédito, no había neumáticos, no había insumos médicos, no había presente ni futuro. Pero Milei insulta mucho”, señala la placa compartida por el mandatario.
La respuesta a su estilo confrontativo
El posteo buscó responder a las críticas que recibe por su estilo confrontativo y por el uso frecuente de insultos en sus intervenciones públicas. Con ironía, Milei planteó que, más allá de las formas, lo relevante es la herencia que dejó el kirchnerismo en materia económica y social.
El mensaje se inscribe en la lógica comunicacional que el presidente viene desplegando desde su llegada al poder: frases contundentes, confrontación directa con sus adversarios y un uso intensivo de las redes sociales para instalar agenda. En este caso, el recurso fue una enumeración de carencias que, según su visión, marcaron la gestión kirchnerista: desde la falta de combustibles y alimentos hasta la ausencia de crédito y de insumos médicos.
El cierre de la placa —“Pero Milei insulta mucho”— funciona como un recurso retórico para relativizar las críticas sobre su estilo. El presidente sugiere que lo importante no son sus formas, sino los problemas estructurales que heredó y que, según él, aún condicionan la realidad argentina.
La publicación aparece en un momento de alta tensión política, con el oficialismo enfrentando cuestionamientos por su estilo de comunicación y por la dureza de sus expresiones hacia opositores y periodistas. Milei, lejos de moderar su discurso, eligió redoblar la apuesta y convertir las críticas en parte de su narrativa: la idea de que sus insultos son secundarios frente a los problemas que dejó el kirchnerismo.
Este tipo de mensajes refuerza la identidad política del presidente, que se presenta como un líder disruptivo, dispuesto a confrontar sin filtros y a desafiar las formas tradicionales de comunicación institucional.