A partir de ahí, la bola de nieve no se puede parar. Como los intereses se multiplican sobre los saldos impagos del mes anterior, la deuda se vuelve un pozo sin fondo. Todo el dinero que entra se va entero para tapar los agujeros del pasado. Ya no hay margen para planificar ni para pensar en el futuro: la única prioridad es ver cómo se llega al vencimiento de mañana.
El fenómeno golpea de lleno a los más jóvenes: el 40% de quienes tienen entre 18 y 30 años y tomaron un préstamo no lo puede pagar, una situación alimentada por la falta de empleo formal y el fácil acceso al dinero que ofrecen las billeteras virtuales. Esta espiral deriva rápidamente en intimaciones recurrentes, recargos punitivos y la inclusión en los registros del Veraz.
Frente a una morosidad en niveles récord, los bancos descartan condonaciones para no desalentar el cumplimiento y apuestan a esquemas de refinanciación con mayores plazos. Sin embargo, los analistas advierten que estas medidas son solo parches. Sin una recuperación real del salario y del poder adquisitivo, la rueda no frena y millones de familias siguen empezando cada mes con la cuenta en rojo.
















