Ante este cuadro –signado por un aumento interanual del 25% en el rechazo de cheques sin fondos–, CAME envió una carta a los presidentes de bloque del Congreso reclamando sumar un capítulo a la Ley de Inocencia Fiscal para suspender temporalmente las ejecuciones. Allí exigen “crear un régimen de facilidades de hasta 48 cuotas, con condonación del 50% de los intereses devengados” y una tasa de financiación del 50% de la tasa pasiva del Banco Nación.
El sector textil es, quizás, el caso testigo más dramático del industricidio en curso, que ya superó al macrista. Un importante dirigente fabril aseguró –en estricta reserva de su identidad– que la actual avalancha de quiebras marca un “récord absoluto”, superando “amplísimamente la pandemia, el 2001 y la década de los 90”. A diferencia del parate por el Covid-19, que golpeó mayormente a pequeños talleres informales por problemas de habilitación, hoy la destrucción castiga de lleno al corazón formal de la industria. “Lo mejor del sector son los que peor están. El que tiene mejor tecnología, el que tiene más gente capacitada, el que tiene más trayectoria. Todos esos son los que peor están”, alertó la fuente.
Esta ruptura del tejido productivo arrastra de forma inexorable a la cadena de pagos. El empresario detalló que los plazos de cobro en indumentaria se han extendido hasta los 180 días, una condena en un país con inflación. “Cobrás a contratemporada: estás cobrando la temporada de verano en el invierno y la del invierno en el verano. No tenés cómo ni siquiera reponer el capital de trabajo”, explicó. Como agravante letal, reapareció la morosidad y un viejo fantasma: el cheque rebotado. “Clientes históricos te dicen: ‘no deposites el cheque porque te viene para atrás’”, graficó con crudeza.
Las pymes, catalogadas hoy como “la mancha venenosa” en el sistema bancario, quedan marginadas del crédito e imposibilitadas de cubrir descubiertos cuando un cheque descontado viene sin fondos. Según datos que circulan entre colegas del rubro, ya se perdieron cerca de 800 empresas formales y unos 25.000 puestos de trabajo registrados, una cifra que podría arañar los 100.000 si se dimensiona la informalidad.
En este clima terminal, la indignación con la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda es absoluta tras los recientes agravios públicos. “Que te llamen tarado no ayuda mucho, y nos parece una falta de respeto para con millones de personas que viven de la industria”, disparó el directivo, quien recordó con ironía estadística que el responsable actual de la economía acumula, entre su paso por la gestión de Mauricio Macri y la actual, un derrumbe industrial del 23%.
La radiografía que convalida el pánico fabril quedó plasmada en el último informe de la Fundación ProTejer. El documento confirmó que la industria textil operó en mayo de 2026 con más de seis de cada diez máquinas apagadas. La producción se desplomó un 26,2% interanual en ese mes, configurando un escenario donde el mercado interno –históricamente abastecido en partes iguales por bienes locales e importados– hoy está capturado en un 70% por las importaciones. Las planillas oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo avalan el desangre: entre diciembre de 2023 y abril de 2026, la cadena textil, indumentaria y calzado perdió 942 establecimientos y lideró el ranking de despidos relativos de la economía con un colapso del 21% de su plantilla laboral.
Proyecciones de cierre y la crisis del consumo
Para dimensionar la velocidad real y la profundidad del daño, el economista Diego Coatz, al frente de la consultora I+D, elaboró un relevamiento que anticipa un cierre masivo de fábricas debido a la parálisis. En diálogo con PERFIL, el ex UIA detalló que siete de las doce principales cadenas operan con cerca de un 40% de capacidad ociosa y advirtió que el sector productivo atraviesa “un proceso de destrucción regresiva del entramado productivo, con menos empresas, menor capacidad de inversión y mayor pérdida de empleo y conocimiento industrial”.
Según las proyecciones de su consultora, el año 2026 culminará con la pérdida de unas 3.070 empresas industriales y la destrucción de 105.000 puestos de trabajo directos e indirectos. “La capacidad ociosa prolongada deja de ser solamente un indicador de actividad: comienza a traducirse en pérdida de empresas, proveedores, empleo y conocimiento industrial difícil de recuperar”, sentenció el analista a este medio.
La consolidación de la tragedia pyme se explica desde el argumento social y la crisis de consumo, eje central abordado por el último informe de la Fundación Encuentro. El reporte detalló que, en el primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de los hogares a nivel país se ubicó en $2.800.000 mensuales netos. Sin embargo, esta cifra esconde una profunda desigualdad estructural: el 78% de los hogares argentinos percibe menos que esa media nacional y se ubica entre la clase media baja y la clase baja. Aún más alarmante resulta que un 21% de esos hogares se encuentra directamente por debajo de la línea de pobreza estimada.
El documento sostuvo que esta concentración de ingresos por debajo del promedio es la razón fundamental por la cual el consumo masivo sigue deprimido, a pesar de las recientes mejoras macroeconómicas. La recuperación salarial aún no alcanza para devolver el poder de compra previo a la crisis a ese 78% de la población que concentra, precisamente, la mayor propensión al consumo y de quien depende, en última instancia, el repunte definitivo del mercado interno.
FUENTE: PERFIL















