Hay quienes creen que la política puede lograr cualquier cosa. Transformar enemigos en aliados. Convertir promesas en explicaciones. Y, en Santa Fe, intentar que 9 parezca 27.
La reforma electoral dejó un dato incómodo para el ejecutivo provincial. De los 50 diputados, 27 ya dijeron que quieren mantener cinco boletas para las elecciones generales. Nueve apoyan la idea del gobernador de reducirlas a dos. Uno propone tres. Los demás todavía guardan silencio.
Traducido al castellano, los 27 ya eligieron un modelo distinto al del principe. No están esperando una epifanía para despertarse un martes diciendo, “Pensándolo bien, ahora queremos dos boletas.”
Por eso, la única esperanza del príncipe santafesino está depositada en los bloques que todavía no hablaron. Pero incluso ahí aparece un pequeño problema. Uno de esos problemas que suelen arruinar los relatos épicos, los números.
Porque, en el escenario más optimista imaginable para la Casa Gris, si el diputado que propone tres boletas se sumara al gobernador y, además, los trece diputados que aún no fijaron posición decidieran acompañarlo, el oficialismo llegaría apenas a 23 votos. Sí, veintitrés.
Del otro lado seguirían estando los 27 diputados que ya manifestaron su apoyo a las cinco boletas. Es decir, ni con la bendición del Papa alcanzaría. Bueno... salvo que el Papa, en un acto de infinita misericordia, decidiera bendecir al príncipe santafesino, olvidándose por un momento de aquel pequeño detalle de que bautizó una cárcel provincial con el nombre de “El Infierno”. Aun así, el tablero seguiría diciendo 23 a 27.
La matemática, por ahora, sigue siendo bastante cruel. Y ahí es donde la historia se vuelve verdaderamente apasionante.
Por qué habría que creer que Amalia Granata, que convirtió la oposición al gobierno en un deporte de alto rendimiento, decidiría justo en esta ley acompañar al gobernador.
O que los sectores libertarios vinculados a Nicolás Mayoraz o Rocío Bonacci, que no se caracterizan precisamente por facilitarle las cosas al oficialismo, resolverían que esta vez sí es momento de darle una mano.
O que el Frente Renovador y Compromiso Justicialista también se alinearían.
Sería un fenómeno político extraordinario. Casi tanto como ver a un hincha de Newell's festejando un campeonato de Central. O a un diputado diciendo que leyó completo un proyecto de 800 páginas antes de votarlo.
Porque una cosa es negociar y otra muy distinta es que toda la oposición que viene cuestionando sistemáticamente al príncipe santafesino descubra, de repente, que la única ley que merece su respaldo es precisamente la reforma electoral que más necesita el gobernador.
Eso sí sería una sorpresa. No por la reforma sino por el milagro político. Porque hay milagros difíciles. Y después está convencer a toda la oposición de salvarle el proyecto al oficialismo. Ese ya merece canonización.
Aunque, pensándolo mejor... Existe una última posibilidad. Que alguno de esos 27 diputados descubra de golpe que 27 ya no es 27.
















